A la altura del numero 43 de la calle Alcalá encontramos la parroquia de san José. De ella arranca una leyenda que se remonta al carnaval de 1853
En la casas de unos aristócrata se celebró una fiesta a la que fue invitado un joven diplomático extranjero. Por causa del idioma, el hombre se hallaba algo desplazado hasta que, de repente, una mujer vestida de negro y con el rostro oculto tras un antifaz, se le acercó. Después de estar mucho tiempo juntos, la muchacha insistió al diplomático para que la acompañase a un lugar que quería darle a conocer.
Pese a que solo sabia de ella, que era condesa, el diplomático decidió seguirla. El lugar en cuestión no era otro que la parroquia de san José. El joven no consideraba oportuno entrar en la iglesia a aquellas horas y vestido de carnaval de modo que expreso su deseo de regresar a la fiesta. La insistencia de la condesa le hizo cambiar de parecer.
Cerca del altar, aparecía un catafalco cerrado. El hombre comenzó a asuntarse y se sintió totalmente horrorizado cuando la enigmática mujer le comunico que aquel sarcófago contenía su propio cadáver que su funeral tendría lugar al día siguiente.
Sin darle tiempo a reaccionar, la mujer desaprecio sumiéndole en una profunda confusión. No obstante, opto por tomar aquello como producto de una macabra broma en la que se habían entremezclado los vapores del alcohol.
En cualquier caso, alguna duda decidió quedarle, porque a primera hora de la mañana regreso a la parroquia para cerciorarse de que todo lo que había pasado, había sido producto de su imaginación.
Sin embargo, quedo anonadado al ver que en los alrededores un gran numero de personas enlutadas, Quiso saber que ocurría y pregunto en su pobre castellano.
La respuesta le causo fortísima impresión pues, efectivamente, se estaban oficiando los funerales por el alma de una joven condesa: ¡la misma con la que había estado la noche anterior!
Espero que os guste, una vez mas GRACIAS por leerme.
Vuelvo mañana con: "La leyenda de la puerta del Sol"
Según la vieja leyenda, un soldado se enamoró de una joven que no solo no le correspondía, sino que había tomado la determinación de ingresar en un convento. El soldado se sintió despechado y, ante la imposibilidad de lograr el amor de la muchacha, decidió darle muerte cortándole la cabeza. Pero el asesino fue más allá. Un día se presentó ante la madre superiora del convento argumentando que le traía un "presente" de parte de la chica. La priora se apresuro a abrir el saco que el hombre había depositado en el torno y quedo estupefacta al comprobar que contenía la cabeza de la joven.
Poco tiempo después, llego la dolorosa noticia: el capitán Zapata había caído en aquel hecho de armas. Dicen que Elena se encerró en la casona, donde se la escuchaba llorar desconsoladamente. Pero al poco tiempo la muchacha fue encontrada sin vida. Las circunstancias que rodearon su misteriosa muerte nunca fueron desveladas. Mientras que para unos la joven había muerto de pena y dolor, para otros había sido asesinada.

